NO ESTÉS LEJOS DE MÍ UN SOLO DÍA

No estés lejos de mí un solo día, porque cómo,
porque, no sé decirlo, es largo el día,
y te estaré esperando como en las estaciones
cuando en alguna parte se durmieron los trenes.

No te vayas por una hora porque entonces
en esa hora se juntan las gotas del desvelo
y tal vez todo el humo que anda buscando casa
venga a matar aún mi corazón perdido.

Ay que no se quebrante tu silueta en la arena,
ay que no vuelen tus párpados en la ausencia:
no te vayas por un minuto, bienamada,

porque en ese minuto te habrás ido tan lejos
que yo cruzaré toda la tierra preguntando
si volverás o si me dejarás muriendo.

PABLO NERUDA

https://lurda55.wordpress.com/2015/03/13/no-estes-lejos-de-mi-ni-un-solo-dia/

Hace menos de un año era una entrada de este blog.

Hoy vuelve por tratarse del día dedicado al amor, pero el amor tiene 365 días, no uno, y aunque el 14 de febrero figure en su honor, hagamoslo extensivo a cada día, a cada hora, a cada minuto.

OTOÑO

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OTOÑO

Y nuevamente llega el otoño,
con los días más cortos,
con el frescor sin rocío,
con los árboles repletos de esas hojas,
que cambiarán, mágicamente,
a esos colores que prenden en las retinas,
en una orgía de marrones, amarillos, ocres, rojos…
Y cerca de ellos,
los ríos, todavía con su cauce discreto.
No será hasta la primavera
cuándo se llenen y escandalicen con sus gritos.
Y estaciones, días, árboles, ríos,
todos juntos y nuestra naturaleza
apresaran los momentos para vivirlos,
y nos prepararemos para esa estación

la siguiente, esa sí,
fría…

Mª Lourdes Omella Gil

NO ESTÉS LEJOS DE MÍ UN SOLO DÍA

Una auténtica maravilla de Neruda.

Pablo Neruda

Soneto XLV

No estés lejos de mí un solo día

No estés lejos de mí un solo día, porque cómo,
porque, no sé decirlo, es largo el día,
y te estaré esperando como en las estaciones
cuando en alguna parte se durmieron los trenes.

No te vayas por una hora porque entonces
en esa hora se juntan las gotas del desvelo
y tal vez todo el humo que anda buscando casa
venga a matar aún mi corazón perdido.

Ay que no se quebrante tu silueta en la arena,
ay que no vuelen tus párpados en la ausencia:
no te vayas por un minuto, bienamada,

porque en ese minuto te habrás ido tan lejos
que yo cruzaré toda la tierra preguntando
si volverás o si me dejarás muriendo.

 

A VEINTE LEGUAS DE PINTO Y TREINTA DE MARMOLEJO

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A veinte leguas de Pinto
y treinta de Marmolejo,
existió un castillo viejo,
que edificó Chindasvinto.
Lo habitaba un gran señor,
algo feudal, y algo bruto,
se llamaba Sisebuto,
y su esposa Leonor.
Y su hermana Berenguela,
y su tía, Rosalía,
y una tía de su abuela,
que atendía por Mariana.
Y su cuñado Vitelio,
y su hijo mayor, Rogelio.

Era una noche de invierno,
noche fría, noche oscura,
noche llena de amargura,
noche atroz, noche de infierno.
En un gótico salón
dormitaba Sisebuto
y un lebrel seco y enjuto
roncaba en el portalón.

Con gemido lastimero,
el viento afuera silbaba
e imponente se escuchaba
el sonido del aguacero.

Cabalgando en un corcel
de color verde botella,
raudo como una centella,
llega al castillo un doncel.
Empapadas trae las ropas,
por efecto de las aguas,
y como no trae paraguas,
viene el pobre hecho una sopa.

Salta el foso, llega al muro:
la poterna está cerrada
– ¡Me ha dado mico mi amada! -exclama-
-¡Vaya un apuro!
De pronto, algo que resbala
siente sobre su cabeza,
alza la mano y tropieza
con la cuerda de una escala.
– ¡Ah! – dice con fiero acento
– ¡Ah! – repite victorioso
– ¡Ah! – vuelve a decir gozoso
– ¡Ah! – y así hasta ciento.

Sube, que sube, que sube
Trepa, que trepa, que trepa
En brazos cae de un querube,
la hija del Conde, ¡la Pepa!
En lujoso camarín,
introdujo a su adorado,
y al notar que está mojado,
le secó bien con serrín

– Lisardo, mi bien, mi anhelo,
único ser que yo adoro,
el de la nariz de cielo
el de los pelitos de oro,
¿Qué sientes, dí, dueño mío?,
¿No sientes nada a mi lado?
¿qué sientes, Lisardo amado?
– Siento frío
– ¿Frío has dicho? eso me inquieta
¿Frío has dicho? eso me espanta
No llevarás camiseta, ¿verdad?
¡Pues toma esta manta!

Y ahora hablemos del cariño
que nuestras almas disloca
Yo te amo como una loca
– Yo te adoro como un niño
– Mi pasión raya en locura
– La mía es un arrebato
– Si no me quieres, me mato
– Si me olvidas, me hago cura.
– ¿Cura tú??!?!?!?!?! ¡¡Por Dios Bendito!!
No repitas esa frase en jamás de los jamases
¡Pues estaría bonito!

Hija soy de Sisebuto,
desde mi más tierna infancia
y aunque es un padre muy bruto
y aunque temo sus furores,
y aunque sé a lo que me expongo…
¡¡huyamos!! Vamos al Congo
a ocultar nuestros amores
– Bien has dicho, bien has hablado,
huyamos, aunque se enojen,
y si algún día nos cogen,
que nos quiten lo bailado.

En esto, un ladrido retumba potente y fiero
– ¿Oyes? -dice el caballero-
es el perro, que me ha olido.
Se abre una puerta excusada,
y, cual horrible huracán,
entra un hombre,
luego un can.
Luego nadie.
Luego nadie.

Luego nadie…

– ¡HIJA INFAME! -ruge el Conde-
¿Qué haces con este señor?
¿Donde has dejado mi honor?
¿Donde? ¿Donde? ¿Donde?
Y tú, cobarde, villano,
¡antipático! repara
como señalo tu cara
con los dedos de mi mano.
Y sacando un puñal
introdujo el cortante acero
junto a la espina dorsal.

El joven, naturalmente,
la guiñó como un conejo,
ella frunció el entrecejo
y enloqueció de repente.
También quedó el conde loco,
de resultas del espanto,
y el can no llegó a tanto,
pero le faltó bien poco.

Y aquí acaba la historia
verídica, interesante,
romántica y apasionante,
estremecedora y horrenda,
que de aquel Castillo viejo
que edificó Chindasvinto,
a veinte leguas de Pinto
y treinta de Marmolejo

De niña, cuándo veraneábamos en el pueblo de mis abuelos, una persona mas mayor nos contaba este poema, que nos encantaba.

Parte de él lo aprendí de memoria.

Del resto me olvidé.

Ahora lo he localizado (con algunas variantes en la letra) y lo subo porque os digo que es éxito asegurado en tertulia con peques alrededor: probad con hijos, nietos, sobrinos, etc,  estos días de Navidad y me diréis. 🙂