LOS PENDIENTES

El padre, aunque muy culto, tenía algunas cosas ” muy especiales”, entre ellas la total convicción de que perforar las orejas de las niñas era un acto cafre y atrasado…De allí que las dos que tuvo, llevaran sus lóbulos intactos.

Miraran donde miraran, sus compañeras y amigas lucían bonitos pendientes.

Bueno, pues las dos solucionaron el asunto.

La mas lanzada, la pequeña, aprovechó una corta estancia en el pueblo con sus abuelos y lejos de la mirada paterna, para presentarse en el consultorio médico y pedir a Don Jesús ( así los trataban entonces) que le agujereara las orejas. Éste, sin poner problemas y eso que la cría no tendría mas de 11 años, colocó un corcho en un lado y cogió una aguja de suturar, procediendo a la perforación y posterior colocación de unos “hilos” que tendría que llevar hasta la cicatrización. Entre oreja y oreja, desmayo. Seguramente eso pondría nervioso al galeno, porque los orificios no quedaron muy centrados… pero ella salió con sus agujeros deseados y al llegar a casa se los enseñó a su tía, cómplice habitual, que la ayudó en alguna cura puntual, pues supuraron. Cuándo llegó ante el progenitor, era un hecho y allí quedó la cosa.

La hermana mayor tardó mas; años. Ya madre, veraneando en una localidad de la Costa Brava, en una farmacia, le colocaron directamente unos pendientes, y, a pesar del malestar monumental, cuasi desmayo, también, se quedó tan feliz.

Las hijas de ambas, sí llevaron sus lóbulos perforados desde el nacimiento.

Mª Lourdes Omella.

baby-piercing

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