EN LA SALA DE ESPERA

Una mañana cualquiera en las Consultas Externas del Centro de Especialidades

Es interesante, cuándo el tema que te lleva es un simple control (supongo que en caso contrario, se está para pocas historias), ver lo que se “cuece” en las salas de espera, hasta entrar en la cita médica.
Por un lado lo inmaterial: el entorno, el atrezzo en términos peliculeros y/o teatrales. Tomas asiento en uno de esos sillones de plástico, de colores variados, incomodísimos, dicho sea de paso, unidos unos con otros en fila de a tres de a seis …con los respaldos pegados, que pueden mortificar aun mas si cabe, cuándo las cabezas de unos y otros chocan irremediablemente.
Planteado así el escenario empieza la parte humana, propiamente dicha.
Como la espera puede ser mas o menos prolongada y si vas relajado, el tiempo parece detenerse, empiezas a mirar a derecha e izquierda; personas de distintas edades, con sus vidas, sus dolencias, que a veces, con desprecio a su intimidad, narran sin contemplaciones al vecino de al lado, pero con tal sonoridad, que todos saben exactamente qué le pasa, desde cuándo y a qué lo atribuye…como si se prepararan para el relato al galeno.

Ninguno parece con prisa,  pero seguro que están impacientes, se les hace larga la espera, miran al reloj y al escrito de la cita, con cara apesadumbrada.

Por no hablar del controlador/ra que te pregunta: Y usted ¿a que hora estaba citado?… ¡que mania, y que mal sabe, por Dios!.

Uno a uno van entrando y salen cargados de papeles y desaparecen.
Se presencian anécdotas como la de la anciana acompañada de su esposo que tiene que ir al aseo, se levanta decidida y entra, sin reparar en el letrero, en el de caballeros; el conyuge se levanta como movido por un resorte, veloz, la sigue, llama a la puerta, la hace salir y le advierte de su error…

Otro, muy mayor, que llega “acompañado” y con cita para las 12 y son las 10, y un: quédese aquí … y se van…y lo dejan…
Caras que miran con admiración y nostalgia a los jóvenes y a los niños que pululan por la sala.
Vidas, enfermedad, cada uno la suya y con lo suyo, en este mundo tan impersonal.

Lourdes Omella. Junio 2015

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8 comentarios sobre “EN LA SALA DE ESPERA

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