UNA MAÑANA DE JUNIO

 

Era una mañana de junio, de sabe Dios qué año, en la terraza de una cafetería de la Puerta del Sol de Madrid.

Dos amigas apuraban sus desayunos para emprender la visita programada para ese día: la Plaza Mayor, el Ayuntamiento, la Plaza de España, Gran Vía…

Una mujer gitana, de edad indefinida, con algún diente de oro, de aspecto bonachón, se aproximó con la intención de leerles las manos. A pesar del escepticismo de ambas, una se animó y la tendió a la mujer.

Sin mediar palabra por parte de nadie lo primero que dijo fue:

“Tienes mal de ojo”, ¿quieres que te lo quite?,

¡claro!,

que le iba a responder…

Inició un ritual con palabras y cuasi oraciones, sin orden ni concierto, indicando que seguiría realizándolo unos días más y se acabaría la maldición, que iba a notarlo.

¡Bien empezaba la cosa!

Para después entrar en terreno personal, adivinando distintos temas de la vida, que podían suponerse por el aspecto y concluyó con: hay dos hombres en tu vida, interesados, importantes.

Los dos esperándote.

Estas palabras finalmente conmocionaron a la mujer por su realidad; cómo podía haber llegado a aquello, algo tan personal, sin pedir un solo detalle, que la condujera a saberlo.

No se habían visto nunca…

Sí, eran dos los que estaban en su mente: uno salía, otro entraba.

Ninguno de los dos se quedó en su vida, solo en el recuerdo…

Eso, la gitana, no se lo dijo.

Mª Lourdes Omella. Julio 2014

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